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Blog de Chef Potro

Historias, recetas y técnicas culinarias...

Viernes, 03 Junio 2011 01:09

Desayuno con Pan de Campo

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Siempre se dice que el desayuno es la comida más importante, esto se reafirma especialmente a la hora de recuperar energías luego de un día de asado campestre. Es evidente que si estás en el campo la tradición nos obliga a comer un buen pan amasado.

Es por esto que el día domingo pasado, luego de amanecer, como si de un viaje en el tiempo se tratara, en una añosa y distinguida casa patronal de característica construcción colonial chilena, en algún lugar entre Rancagua y Rengo y como agradecimiento a la gran hospitalidad otorgada por nuestros anfitriones, decidí hacer un rico pancito amasado, aprovechando el calor de la cocina a leña.

Para agasajarnos en esta fría mañana necesitamos 1 kilo de harina, 2 tazas de agua, 1 sobre de levadura seca de 10 grs. o un pan de levadura fresca de 30 gramos, una cucharada de azúcar y una cucharada de sal, además de 120 grs. de manteca, un poco más de dos tazas de agua y la mucha leña, para alcanzar unos 220°C.

Primero formamos una corona con la harina, en el centro colocamos el azúcar y la levadura, por el contorno distribuimos la sal. Luego agregamos el agua en el centro y mezclamos un poco para que se active la levadura, si vemos que salen burbujas es porque la levadura está activa y no tendremos problemas en el momento de la fermentación.

Seguimos mezclando, hasta que la masa esté semiunida y agregamos la manteca. Ésta debe estar temperada, pueden derretirla si quieren, pero no debe estar muy caliente, si así fuese podrían matar la levadura.

 

Ahora amasamos y sobamos la masa hasta que esté elástica y tersa, dejamos descansar tapada por unos 5 a 10 minutos para que se relaje y sea más fácil de trabajar.

Luego cortamos en porciones de entre 50 y 80 gramos. Lo normal es que salgan entre 12 a 14 panes.

Ovillamos, cubrimos con plástico o un paño y dejamos leudar hasta que dupliquen su tamaño en un lugar tibio.

Mientras el pan descansa cerca del fuego damos un paseíto para estirar las piernas en el “patio” de la casa acompañados de una quietud inmutable y de un pequeño anfitrión que estaba a cargo del tour por la estancia.

Recorrimos rincones de árboles caídos, en donde nuestro campeón trepaba y saltaba hábilmente, nos encontramos con gallinas, y caminos de hojas secas, y nos maravillamos encontrándonos en un mundo alejado de consolas de video juegos y volviendo y jugando directamente con la naturaleza.

Después de dar muchas vueltas volvimos a la casa, calculaba que el pan quería entrar a un lugar más cálido, así que lo fui a atender.

Luego bajamos los ovillos y pinchamos con el tenedor, la idea es que toquen la lata con el tenedor, no es sólo decorativo. Esta acción impide que el pan se infle y quede con forma de huevo. Pintamos con dora (huevo batido) y horneamos en un horno fuerte por aproximadamente 12 minutos.

Luego cuando sale el pan del horno lo untan con mantequilla, la que se derrite de manera automática y se absorbe en esa miga vaporosa y suave para disfrutar uno de los más grandes placeres de la vida.

1 comentario

  • Enlace al Comentario Silvia Jueves, 06 Noviembre 2014 02:59 publicado por Silvia

    Que rico se ve ese pancito, gracias por la receta y la historia!!

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