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Blog de Chef Potro

Historias, recetas y técnicas culinarias...

Domingo, 08 Mayo 2011 00:00

Las papitas de la nona!

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Para empezar a cocinar estas papas rellenas, primero debo contarles el por qué elegí esta receta. Cuando se propuso el impulsar el día de la madre a través de nuestros blogs se me vinieron a la mente un sin número de platos que comimos felices en diferentes oportunidades. Hoy, y para éste día de las madres elegí una de las recetas que nos trajo más satisfacción a mi hermano y a mí durante muchos años y hasta la actualidad.

Debo aclarar que la experticia en la elaboración de estas papas rellenas no viene directamente de mi potranca madre, sino que de su mamá, mi nona. También es bueno que reparemos en el hecho de que desde mi corta infancia he contado con una división del cargo. Para efectos prácticos tenía una mamá en dos personas o dos mamás con características diferentes. Por lo tanto este artículo está dedicado a la segunda madre, aquella que me crió cuando la primera trabajaba. La nona es quién creo la responsable directa de que ahora sea cocinero. Así que aclarando ya la situación vamos comer.

Las medidas, a estas alturas, ni yo las tengo claras, las aprendí mirando y haciendo, todo está en los sentidos y el instinto. De hecho cuando he visto recetas, estas se me olvidan y siempre termino haciéndolas a la antigua, eso le da un poco de nostalgia rústica al trabajo.

Primero cocinamos papas peladas a partir de agua fría, hasta que estén a punto para pasar por un prensa papas o pasa puré. Luego escurrimos y las molemos, dejamos que enfríe un ratito.

Yo utilicé como 5 papas grandes. Luego agregué sal y pimienta, esta última es adición mía (la nona no le agregaba más que sal) y un huevo, mezclamos y después ponemos unas dos tazas de harina.

Amasamos, pero no mucho, ya que el harina no es más que para secar, no queremos desarrollar gluten, si así fuera lograríamos una textura chiclosa y desagradable.

Sólo debemos mezclar. Cortamos queso mantecoso en trocitos o pueden usar queso laminado si lo prefieren.

Luego, y siempre ayudándonos de harina, ya que la masa siempre es húmeda, tomamos un poco de masa y la estiramos en la palma de la mano, en el centro colocamos un queso y cerramos.

Con las manos vamos a ir formando la forma de la papa y dejaremos el queso completamente cubierto y al centro, es importante que la papa quede sin costuras.

Una vez que tengamos las papas ya listas, calentamos aceite y freímos a unos 160°C, la misma temperatura parea hacer berlines o pescado frito, a fuego medio alto.

Cuando las papas estén doradas las retiramos y veremos que el efecto de “papa dorada” es impresionante. He visto gente que las apana con pan rallado, en mi opinión ahorrándonos ese paso obtenemos un producto más realista y liso.

Finalmente no tenemos nada más que hacer, simplemente a comer. Nuestra costumbre es poner un azucarero al lado y con una cucharita de te le introducimos azúcar a la papa. O también ponemos un pocillo de azúcar flor y untamos a cada bocado. Con mi hermano hacíamos competencia de quien comía más, llegando a números irrisorios como 12 o 14 papitas cada uno. Es realmente un vicio. De hecho esta receta la hice en la noche, muy tarde, pero de todas formas perdí la cuenta de cuantas comí.

Espero que esta historia rodeada de papas, queso y azúcar les haya gustado y aunque que sea repetido, esto está dedicado a las dos potrancas madres, una más vieja que la otra, pero grandes potrancas al fin y al cabo, ya que todo lo que ahora soy es producto de años de crianza, esfuerzo y cariño.

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