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Blog de Chef Potro

Historias, recetas y técnicas culinarias...

Domingo, 05 Julio 2015 00:00

No podemos desperdiciar la lluvia.

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Se largó a llover a cántaros, no podemos desperdiciar la ocasión para hacer nuestras clásicas sopaipillas, en sus versiones más connotadas, con pebre, mostaza y, como postre, pasadas en chancaca.

Todo nace de España, que como sabemos, estuvo en ocupación “mora”, o sea árabe, como por 400 años. Entonces, con esto podemos encontrar la etimología de la palabra, SOPAIPA, luego los mapuches adaptan la palabra a sopaipillan, que era el nombre de un pájaro. Esta versión me gusta porque incluye a chile como uno de los responsables del nombre, pero es claro que podemos encontrar influencias realmente antiguas de lenguas germanas que derivan al latín y etc., etc., etc. Parece ser que es tan simple como que sopaipilla es el diminutivo de sopaipa. Lo que si podemos tener claro es que en todos los casos significa masa frita, así que da lo mismo como le digamos, o como la comemos, lo importante es que la hagamos en casa y la disfrutemos en días como éstos en que se parte el cielo.

Para hacer sopaipas clásicas necesitamos: harina (con o sin polvos, la verdad es que da lo mismo para esta preparación), zapallo, sal, agua de la cocción del zapallo, manteca, polvos de hornear y aceite para freír. Es muy sencillo, no necesitas habilidades especiales, sólo tenemos que cocer el zapallo a partir de agua fría con un poco de sal y cuando esté blando, colamos y reservamos el líquido de la cocción. Con el zapallo se hace un puré. Por otro lado tenemos harina, hacemos un volcán y dentro de este agregamos el zapallo (caliente) y la manteca, no es necesario derretir la manteca, pues el zapallo lo hará por ti. Luego simplemente amasamos tratando de que no queme, la masa tiene que quedar lisa y suave. Las cantidades son relativas, yo prefiero usar un trozo de zapallo y según eso el instinto te guía.

Para los que no confían en su instinto les doy unas medidas aproximadas:

Para ½ kilo de harina piensen en la mitad de su volumen en zapallo cocido (como 250 grs.) y la mitad del zapallo en manteca (o sea como 125 grs.), si quieren que sean más esponjosas agreguen una cucharadita de polvos de hornear.

Después de que tengan la masa lista, la dejan reposar unos 10 minutos y la estiran del grosor que más les guste, desde 5 milímetros a 1,5 centímetros, luego cortan discos (con corta pasta, un vaso, o lo que tengan a disposición) y pinchan con un tenedor o le hacen un agujero en el centro con los dedos. Finalmente, las fríen hasta que tomen ese característico color dorado.

Ahora sí que pueden pasar sus sopaipas por chancaca (la chancaca es un bloque oscuro de melasa derivada de la producción de azúcar, que se diluye, según instrucciones del fabricante en agua con un poco de canela, zeste de naranja y clavos de olor.) o comerlas con pebre, mostaza y ají en pasta… o como más me gustan a mí, cuando recién salen de la fritura las relleno con queso mantecoso.

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